"Un sueño no puede ser hermoso ni terrible sin una conciencia que,
en la vigilia, lo ordene y lo juzgue bajo la luz del día que comienza. Si un
sueño afortunado puede hacer llorar a quien despierta en la miseria, los sueños amargos nos hacen amar con más intensidad lo que creímos perder para
siempre durante la noche".
Fragmento del capítulo “El
color de los sueños”, de Teresa González Arce, incluido en el libro Días hábiles.

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