"Todo tiende a
asegurarle la tranquilidad, el buen reposo. Manos competentes, ojos previsores,
mentes exclusivamente destinadas a imaginar sus exigencias y deseos y a
procurar satisfacérselos, se han esforzado en crear aquel ambiente, tan
necesario en los momentos en que una reafirmación se vuelve indispensable. El
teléfono a la mano; las cortinas de brocado espeso; la rugosa colcha de cretona
con rayas de un verde suave que combina con otro aún más suave, imperceptible
casi; una reproducción de Guardi, otra de Carpaccio".
Inicio de Ícaro, de
Sergio Pitol.

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