Con tal de salvar la relación,
el Puercoespín decidió rasurarse.
—En adelante, todo será ternura
y dulzura, pensó con ilusión.
Cuando reintentaron el amor, la
Puercoespina le salió con que se veía rarísimo y le reprochó: “Te falta sal, te
falta pimienta. No sé quién te dijo que se puede vivir sin espinas.”
En Anafábulas, de Josu Landa,
Serie Ediciones Especiales.
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