miércoles, 9 de mayo de 2018

La crítica de rock (IV)


La prensa musical británica siguió una trayectoria similar a la de su contraparte estadounidense. El equivalente británico de Rolling Stone fue Melody Maker. Fundado como un periódico de jazz en la década de los 20, a finales de los años 60 se convirtió en el órgano más ferviente del rock progresivo y la cultura británica hippie.

Al igual que Rolling Stone, Melody Maker quedó desconcertada por el surgimiento del punk rock en 1976 y perdió terreno frente a sus más jóvenes e irreverentes rivales: New Musical Express y Sounds, que reclutaron a "jóvenes pistoleros" (Julie Burchill, Tony Parsons, Jon Savage, Jane Suck) para dar cobertura a la nueva música.

De 1979 a 1982, durante la era postpunk, las revistas semanales de música británica alcanzaron un pico de lectores, influencia y creatividad, gracias a la exuberancia ultraionizada y la inteligencia de escritores como Ian Penman, Paul Morley y Barney Hoskyns.

Junto con influencias posmodernas de moda como Roland Barthes y Michel Foucault, estos periodistas también recurrieron a una tradición británica de escritura popular renegada, cuyo avatar fue Nik Cohn.

Escribiendo a mediados de la década de los 60, Cohn pregonó : "Superpop, la máquina del ruido y la imagen, la exageración y el hermoso destello de la música de rock 'n' roll", celebrando el grandioso artificio del productor Phil Spector y la delincuencia de los primeros Rolling Stones así como  los conceptos artísticos en contra de los hippies del Sgt. Pepper's por parte de The Who.

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