Perlinos, como el Este
una hora antes de que se alce el sol,
dos hornos para la única
piedra filosofal
por la que vale la pena molestarse.
Llevan en sus pezones
cuentas de suspiros
inaudibles,
vocales de deliciosa claridad
para la pequeña escuela roja
de nuestras bocas.
— Charles Simic

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