Keith Richards es un amante del blues, y así ha sido desde que tiene memoria. Su madre, Doris, es a quien hay agradecer por su influencia, y uno de los primeros artistas de los que se enamoró de lavarle el cerebro es Billie Holiday.
Si no fuera porque su madre es una amante de la música, quizá Richards nunca habría reavivado su amistad con Mick Jagger después de que se unieron por discos de blues en un encuentro casual en una estación de tren.
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