La poetisa Sylvia Plath
eligió morir el 11 de febrero de 1963. Tuvo lugar, entonces, una peculiar avidez
para intentar desenredar la serie de razones e intenciones que ella acuñó en
sus últimos poemas, derivándose así argumentos para no pocos textos post mortem.
Su muerte abrió una fenomenal caja de
Pandora. Poemas furiosos, llenos de desdén, capacidad revulsiva, belleza y
autoridad. Sylvia Plath (1932-1963) ha ganado todas sus batallas después de
muerta. Su poesía se ha vuelto inseparable de toda ella. Quizá el más famoso es
“Señora Lázaro”, donde Plath escribía:
Morir
Es un arte, como todo
Yo lo hago excepcionalmente
bien
Tan bien, que parece un
infierno
Tan bien, que parece real
Supongo que se podría hablar
de vocación.

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