Más tarde, la ciudad haría lo mismo por Bob Dylan y su creciente cascada de dominio del folclore que siguió garantizaría que la cultura popular nunca volvería a ser la misma. Cuando Guthrie murió, a los 55 años en 1967, Dylan emergió de su exilio autoimpuesto luego de un accidente de motocicleta para honrar el Carnegie Hall con un concierto homenaje a su héroe.
Esta despedida del “último ídolo” de Dylan fue
el momento en que se cristalizó el legado de la gente estadounidense. Las
canciones de Woody Guthrie que Dylan eligió tocar no eran sus puntiagudos
vectores de la historia, sino canciones que trascendían el tazón de polvo con
una intención espiritual optimista.
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