En verdad, es un desafío descifrar el momento específico que provocó la animosidad entre ambos, incluso si Mitchell continuó sus intentos de mantener que los problemas estaban relacionados únicamente con la habilidad musical. No sería exagerado considerar que la amargura se deriva de que Mitchell se vio obligada a competir con Dylan en términos de composición en una agenda impulsada por los medios.
Quizá, con bastante razón, cree que su propio trabajo merece ser elogiado al mismo grado que el de Dylan en lo que es un reflejo de la industria musical dominada por los hombres. Pero solo el tiempo lo dirá…
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