Nadie trataría de restringir
a Queen sugiriendo que eran una banda de metal, pero en sus primeros días esto
era una parte crucial de su creciente arsenal musical.
El segundo álbum del cuarteto
es un testimonio épico, grandioso y pesado. Dividido en "Side White" y "Side
Black", este último con canciones escritas solamente por Freddie Mercury, el
disco muestra una intención riffing del abridor instrumental “Procession”.
Mientras tanto, “Father to son”, “White Queen”, “Ogre Battle”, “March of the
Black Queen” y “Seven seas of rye” se encuentran entre los momentos más pesados
de la larga y distinguida
carrera del grupo. Queen nunca volvería a ser tan constantemente metálico.
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