"Cuando lanzaron la lata
y corrieron en pos de un escondite, se separaron. Elena se arrinconó en un
terreno baldío, entre una barda sucia y un par de magueyes secos, viejos y
deformes. Primero escuchó una respiración. Luego un ruido a su lado. Alarmada
imaginó que era una rata, pero sus ojos ya se habían acostumbrado a la
oscuridad y consiguió distinguir unos tenis blancos y unos ojos azules
temblando.