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viernes, 31 de enero de 2020

Philip Glass - "Glassworks"

Mientras los días de la música Walkman han terminado, Glassworks sigue vivo, no como el mayor logro de Philip Glass, sino como uno de los muchos dignos de celebración. Glassworks es, probablemente, una de las razones por las cuales el reconocimiento del nombre de Glass es mucho mayor que el de sus contemporáneos, como Steve Reich o John (Coolidge) Adams.

Incluso aquellos que sólo conocen las partituras cinematográficas de Glass probablemente conocen mejor su trabajo que el de Clint Mansell o Michael Nyman, dos compositores que en gran medida han desarrollado su carrera en películas. Ahora que han pasado 30 años desde el lanzamiento de Glassworks, es de esperar que los oyentes hayan guardado sus Walkman y hayan optado en cambio por entregarse a la amplitud del catálogo de Glass.

viernes, 15 de julio de 2011

El exquisito sonido atemporal de Agnes Obel

“No me veo como una cantante que solamente toca el piano. El canto y el piano son dos cosas iguales para mí. Es decir, son una conexión inseparable. Son como dos voces iguales”: Agnes Obel



En estos días que corren entre álbumes plagados de megaproducción, es de agradecerse, en cambio, la presencia de una – casi – subestimada Agnes Obel, quien se hace acompañar “tan sólo” de una voz maravillosamente optimista, sonando adecuadamente melodiosa, casi cual susurro…

El ave cantora conocida como Agnes Caroline Thaarup Obel (octubre 28, 1980), se dio el lujo de tomar por sorpresa a más de uno mediante sus composiciones orquestales, lo mismo que con los gratísimos sonidos producidos por su etérea voz. Esta fémina, nacida en Copenhague, subraya su influencia por artistas de la talla de Roy Orbison, Joni Mitchell, P.J. Harvey, lo mismo que por compositores clásicos como Claude Debussy, Maurice Ravel y Eric Satie. Todo esto es clara señal de que Agnes Obel, a pesar de la sueva calidez de su música, no puede ser para todos los gustos.



Así, el año pasado, fuimos presa de una producción que nos cautivó con sus melodías brillantes, con sus letras directas. Ambas iban desglosadas en un álbum que salpicaba penumbras, las cuales se hacían acompañar de combinaciones del tipo hipnótico, de tonos sedantes como fiel constante: Philharmonics (PIAS Recordings). En este su debut, Obel se da el lujo, además, de escribir, realizar y producir.



En este su álbum debut, Obel nos demuestra cuán plagada está de ese tipo de belleza emotiva que se da una sola vez en la vida. Ella se deleita cantándonos con gracia silente y tierna, aderezada con serenos cellos, así como con sutiles viñetas combinadas con piano y arpa.




Así, luego de que se han escuchado los 12 tracks que componen Philharmonics, no nos queda más que ratificar todas y cada una las influencias que se ejercen abiertamente sobre Obel. Sí, cierto, la música folk traza todo el camino a través de sus composiciones. Empero, es el sonido de corte atmosférico el que se hace predominante. Al escuchar esta obra nos hacemos acreedores a un premio por partida doble: un efecto lo mismo relajante que inquietante dentro de la misma estructura musical.



La presente producción musical nos remite, con sutil inercia, a otra producción
de tiempo atrás: el soundtrack de The Piano, mismo que fue gestado por ese virtuoso llamado Michael Nyman. Aquí tiene lugar, en más de un sentido, la expansión plena del folk con su respectiva mezcla de melancolía. Definitivamente, en Philharmonics coinciden los no pocos majestuosos acordes de piano en complicidad con ese exótico tejido de armonías vocales.



Podría pensarse en que la belleza, no pocas veces, entra en paradojas abiertas con el presente; aunque existen algunos tipos de belleza que suelen salir bien librados, ya que tienen no poco de atemporal. En Philharmonics se dan más que suficientes momentos que, precisamente, trascienden como para poder tener la certeza de permanecer indefinidamente en este exquisito sonido atemporal…


miércoles, 29 de junio de 2011

Diálogo entre un piano y una mujer ("The Piano")

Diálogo entre un piano y una mujer: "Se trata de una explosión intrépida y salvaje, sobriamente gótica, de la pulsión romántica". Así, en esos términos refirió y sintetizó la directora Jane Campion a su largometraje The Piano (Australia/Francia, 1992). La película de Campion es un anhelado proyecto, anterior incluso a su primer largometraje. Si ya de por sí era poco usual dar tanto protagonismo a la música en una película, más aún lo era que esa música se convirtiera en el diálogo de la protagonista con su entorno.

El personaje principal (Ada) es un ser harto extraño: perdió/abandonó el don de la palabra cuando infante. Convirtiendo con ello a su piano en su mejor amigo. Madre de una hija sin padre. Sale de una sociedad victoriana para enfrentar a su esposo. Se deja ser a punto tal que permite con ello afloren todos sus impulsos sexuales.



La relación que Ada ha de iniciar no tiene otro destino que el de verse convertida en una abrasadora pasión. No habrá de detenerse ante tabúes ni convencionalismos sociales de la época. ¿Por qué no? Raíces autobiográficas. Mismas que permiten al espectador interrogarse/descubrir pasado y tradiciones culturales más allá de los propios personajes de la cinta. Nueva Zelanda. Siglo antepasado. Lo más lejano a Europa en lo concerniente a costumbres. Jane Campion efectuó un gran acierto al momento de llevar el rodaje de la cinta a dichas latitudes. “Siento afinidades entre mi cinta y las pasiones que describe Emily Brontë en Cumbres Borrascosas”, ha confesado Campion.

A Campion, se le agradece, además, hacer un abordaje, una exploración intrépida, salvaje, con marcados tintes góticos, una visión muy personal de lo que ella entiende por la pulsión romántica. Fortuitamente, su visión de lo novelesco, sobre todo al momento de llevar dicho concepto a la pantalla grande, no es el mismo, convencionalmente hablando.

La fotografía de Stuart Dryburgh recrea y capta en forma por demás extraordinaria el paisaje neozelandés (la escena con la que abre la película y aquella otra en la cual Ada, la protagonista principal, se “lanza” al mar con su piano son un ejercicio iconográfico de lo más poético que haya visto en fotografía de cine). Esto, al margen de las atmósferas que se van creando para el desarrollo de escenas puntales en la cinta.

Obviamente fundamental, es el caso de la música de la película. El trabajo efectuado por Michael Nyman es excelso. Nyman, músico de cabecera de Peter Greenaway, es el responsable directo de la creación de todas las ejecuciones que Ada habrá de ejecutar en su piano. El álbum fue nominado para el premio "Golden Globe" a la Mejor Original Score.

Las composiciones de Michael Nyman para la película de Jane Campion produjeron una de las bandas sonoras más exitosas de todos los tiempos. The Piano ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes 1993, para ser galardonada un año más tarde con varios Óscar. El rol de Holly Hunter como Ada, la protagonista de la película, era el de una mujer que había elegido ser muda y comunicarse a través de su piano.

La versión desarrollada a partir de la banda sonora es la que Nyman decidió grabar para su propia edición definitiva en los estudios de Abbey Road de Londres. Ratificaciones: las piezas para piano otra vez conforman un diálogo. Sí. Sólo que en este caso el diálogo es puramente musical, entre el pianista y la orquesta, en vez de accionar como un sustituto para el habla como hacía en la película.

P.D: climas como el que privan, nuevamente, en un día como hoy son los ideales para la creación y recreación de ideas diversas. Basta con asomarse al comienzo del día y, así, sacar a flote todo cuanto permite gestar un sentimiento de esta naturaleza ante el contacto -solamente - visual de la bruma, el golpeteo de la brisa, las vaivenes del viento en contacto con la piel, la cabellera, la cara...
Si a esto le aderezamos, además, el respectivo y exacto soundtrack de caso, obtenemos un resultado excepcional. Irrepetible. Resultado de una sola vez en la vida. Tal y como acontecen las cosas en lo que va del presente día...