"Creo en la percepción
más amplia del arte político; se trata de escuchar y ver las cosas de una
manera nueva, para que puedas experimentar las cosas desde los ojos de otra
persona".
Esto fue algo en lo que Joni Mitchell, una artista que Obel
admira mucho, junto con Roy Orbison
y el compositor Erik Satie sobresalieron.
"La música de Mitchell siempre me pareció política
porque era tan idiosincrásica y específica para ella, y tan introspectiva y
poderosa", se entusiasma. "Ella
estaba siendo tan femenina y poderosa y hablaba mucho desde su punto de
vista, que en sí es político".
Lo mismo podría decirse Agnes
Obel, una artista distintiva eimpresionante.
Citizen of Glass (Agnes Obel, 2016) es un disco conceptual que presta atención a un mundo cada vez más
frágil, y constantemente pregunta cuánto sabemos de la historia de una persona.
¿Qué sabemos realmente sobre
el nivel de privacidad? ¿Somos
demasiado rápidos para escudriñarnos? ¿Somos demasiado rápidos para
escudriñarnos el uno al otro? Si continuamos sometiéndonos a tanta presión,
¿eventualmente nos romperemos como
vidrio?
Citizen of Glass, y el resto del catálogo de Agnes Obel es una situación seria, pero su audiencia lo
acepta y respeta. Su conjunto es a
partes retrospectivo, temperamental, autorreflexivo y desafiante.
Así que no es de extrañar que
el aclamado director de cine y televisión David
Lynch (Twin Peaks, Mulholland Drive) se encargara de
remezclar la canción 'Fuel to Fire'
de su álbum Aventine de 2014.
Cuando la pianista danesa Agnes Obel preparaba su tercer álbum Citizen of Glass, hizo referencia a
fuentes inusualmente arcanas, como My
Struggle, la autobiografía en
seis tomos del escritor noruego Karl Ove
Knausgard, quien detalla su monótona vida en detalles insoportables.
"Es una nueva forma de literatura,
con personas que usan cada vez más de sí mismas", dice Obel. "Pero
creo que es importante saber que no
sabes todo sobre ti, así que quería escribir
canciones sobre secretos".
En Citizen of Glasshabla con metáforas
que solamente ellapuede entender
completamente, como en “Our Love is a Ghost.”
“Esa canción es sobre un amor secreto. Pero quería llevar el
amor secreto a este nuevo mundo digital,
donde nuestra vida amorosa tiene lugar en línea, pensé que sería divertido para
el "amor secreto" cantar el coro, y sonaría todo digitalizado.
"Efectivamente, sólo tiene sentido para mí.
Estoy seguro de que otras personas tendrán sus propias ideas, o ninguna idea,
de lo que estoy cantando”, remata la ya referencial
pianista danesa.
Agnes Obel disfruta de la seriedad y la formalidad de Alemania, un
país en el que ha vivido desde 2006 ("Realmente me encanta vivir en
Berlín, es el punto ciego en Europa
con la historia más extraña") y un lugar que adoraba su escaso e
inmaculado debut en 2010, Philharmonics
(presentando el exquisito "Riverside"),
un disco que también fue cinco veces
platino en Dinamarca y fue adorado en toda Francia.
En la portada del
álbum, Obel aparece junto a un perturbador búho y la imagen (fotografiada por
el fotógrafo berlinés Mali Lazell)
es un homenaje a The Birds, de Alfred Hitchcock.
De hecho, Obel se ve como una "rubia Hitchcock"; aunque hay un leve parecido con
Tippi Hedren en esta compleja
cantante que se retiró del centro de atención después de Philharmonics, resurgiendo con el personalísimo, pero discretoAventine tres años más tarde antes de
su mejor y más ambicioso disco: Citizen
of Glass (lanzado el 21 de octubre de 2016).
El título Citizen of Glass, el tercer disco de la
danesa Agnes Obel, proviene del
concepto alemán de gläserner bürger,
que significa ciudadano humano o de
vidrio. En realidad, es un término legal sobre el nivel de privacidad que tiene el individuo en un estado, y en salud
se ha convertido en un término sobre cuánto sabemos sobre el cuerpo, la
biología o la historia de una persona. Si están completamente hechos de vidrio,
lo sabemos todo.
Obel se declara fascinada por el nivel de transparencia y
privacidad de un artista, y lo dispuestos que están a revelar situaciones personales. Ella enfatiza que hay mucha culpa en la cultura danesa, a
pesar de que Dinamarca encabezó, nuevamente, el Informe de Felicidad Mundial de la ONU en 2016. De hecho, el concepto
danés hygge (pronunciado
"hoo-gah" y significa intimidad
acogedora) se ha convertido en una gran tendencia.
“No me veo como una cantante que solamente toca el piano. El canto y el piano son dos cosas iguales para mí. Es decir, son una conexión inseparable. Son como dos voces iguales”: Agnes Obel
En estos días que corren entre álbumes plagados de megaproducción, es de agradecerse, en cambio, la presencia de una – casi – subestimada Agnes Obel, quien se hace acompañar “tan sólo” de una voz maravillosamente optimista, sonando adecuadamente melodiosa, casi cual susurro…
El ave cantora conocida como Agnes Caroline Thaarup Obel (octubre 28, 1980), se dio el lujo de tomar por sorpresa a más de uno mediante sus composiciones orquestales, lo mismo que con los gratísimos sonidos producidos por su etérea voz. Esta fémina, nacida en Copenhague, subraya su influencia por artistas de la talla de Roy Orbison, Joni Mitchell, P.J. Harvey, lo mismo que por compositores clásicos como Claude Debussy, Maurice Ravel y Eric Satie. Todo esto es clara señal de que Agnes Obel, a pesar de la sueva calidez de su música, no puede ser para todos los gustos.
Así, el año pasado, fuimos presa de una producción que nos cautivó con sus melodías brillantes, con sus letras directas. Ambas iban desglosadas en un álbum que salpicaba penumbras, las cuales se hacían acompañar de combinaciones del tipo hipnótico, de tonos sedantes como fiel constante: Philharmonics (PIAS Recordings). En este su debut, Obel se da el lujo, además, de escribir, realizar y producir.
En este su álbum debut, Obel nos demuestra cuán plagada está de ese tipo de belleza emotiva que se da una sola vez en la vida. Ella se deleita cantándonos con gracia silente y tierna, aderezada con serenos cellos, así como con sutiles viñetas combinadas con piano y arpa.
Así, luego de que se han escuchado los 12 tracks que componen Philharmonics, no nos queda más que ratificar todas y cada una las influencias que se ejercen abiertamente sobre Obel. Sí, cierto, la música folk traza todo el camino a través de sus composiciones. Empero, es el sonido de corte atmosférico el que se hace predominante. Al escuchar esta obra nos hacemos acreedores a un premio por partida doble: un efecto lo mismo relajante que inquietante dentro de la misma estructura musical.
La presente producción musical nos remite, con sutil inercia, a otra producción
de tiempo atrás: el soundtrack de The Piano, mismo que fue gestado por ese virtuoso llamado Michael Nyman. Aquí tiene lugar, en más de un sentido, la expansión plena del folk con su respectiva mezcla de melancolía. Definitivamente, en Philharmonics coinciden los no pocos majestuosos acordes de piano en complicidad con ese exótico tejido de armonías vocales.
Podría pensarse en que la belleza, no pocas veces, entra en paradojas abiertas con el presente; aunque existen algunos tipos de belleza que suelen salir bien librados, ya que tienen no poco de atemporal. En Philharmonics se dan más que suficientes momentos que, precisamente, trascienden como para poder tener la certeza de permanecer indefinidamente en este exquisito sonido atemporal…