La revista Rolling Stone, que
recién hace un año conmemoró su medio siglo de existencia, ha dejado de ser
propiedad de su fundador, Jann Wenner. Paradoja de paradojas: finalizadas las celebraciones
con motivo de los 50 años del movimiento hippie, sale al paso la noticia de la
venta del principal medio periodístico surgido de la contracultura de 1967.
Wenner Media concreta la
venta de su 51% de Rolling Stone a
Penske Media, por una cantidad cercana a los ochenta millones de euros. La
empresa de Jay Penske se dedica a la publicación de medios relevantes en el
ámbito cinematográfico, como Variety
y, en internet, IndieWire o Deadline.com.
No obstante, la transacción se
veía venir: asfixiada por cantidad de deudas, Wenner Media ha liquidado activos
paulatinamente. Previamente, vendió 49% a BandLab
Technology, una empresa de Singapur sin ambiciones mediáticas, que tan sólo
buscaba una inversión atractiva.
En algo que supone un trago
por demás amargo, como bien se recordará, en marzo de 2017, Wenner traspasó sus
dos otras revistas, Men's Journal lo
mismo que US Weekly, al grupo
American Media.
A pesar de todo esto, Rolling Stone es Rolling Stone: mantiene una posición beligerante en aspectos
político-ecológicos, no obstante los nuevos escenarios digitales hayan mermado
su preeminencia como publicación musical.
Jann Wenner, por su parte, conserva
un inmenso archivo personal y permitió que su biógrafo, Joe Hagan, indagara ahí
con plena libertad. El recién editado Sticky fingers: the life and times of
Jann Wenner and Rolling Stone Magazine da parte de un retrato amable del
personaje, quien ocultó su homosexualidad hasta 1994.
Empero, Hagan se conduce con discreción
respecto de la tendencia hacia el nepotismo, cuando se le encargaban aventuras
en el mundo digital a uno de sus hijos, Gus Wenner.
De no haber cambios en el
escenario, tanto Jann como Gus continuarán trabajando en Rolling Stone. El hijo de Wenner asegura que habrá que vivir de glorias
pasadas, rescatando proyectos añejos como el Rolling Stone Hotel en Las Vegas.
Dicha
iniciativa, por cierto, no cuenta con el visto bueno de Mick Jagger, quien ha sido reacio a definir los límites de
explotación entre Rolling Stone
(revista) y The Rolling Stones (grupo).
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