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miércoles, 27 de febrero de 2019

Debut de Dead Can Dance (II)


Acerca de la elección del nombre para el grupo, se encuentra en su sitio web oficial:

“Para entender por qué elegimos el nombre, pensemos en la transformación de la inanimación en animación. Piensa en los procesos relacionados con la vida de la muerte y la muerte en la vida. Muchas personas pasaron por alto la intención simbólica inherente del trabajo, y asumieron que debemos ser "tipos góticos mórbidos".

La portada del álbum muestra una foto del arte de Papua Nueva Guinea que se asemeja a una máscara en su lado izquierdo, con la derecha con los caracteres griegos “ΔΞΛΔ CΛΝ CΞ” colocados para que puedan leerse como Dead Can Dance.

Debut de Dead Can Dance (I)


El 27 de febrero de 1984, la agrupación británico/australiana de post-punk, Dead Can Dance, lanzó su álbum debut homónimo en el sello 4AD Records.

El grupo se formó como cuarteto en 1981 en Melbourne, después de que Brendan Perry se mudara ahí desde Nueva Zelanda con su agrupación Marching Girls. Perry y el baterista Simon Monroe reclutarían al bajista Paul Erikson y a la vocalista de Microfilm, Lisa Gerrard, para formar Dead Can Dance.

Posteriormente, el grupo se mudaría a Londres, dejando atrás a Monroe, y en su lugar se unió Peter Ulrich, quien permaneció con el grupo en la mayoría de los lanzamientos de álbumes clásicos de la agrupación y realizó prácticamente todas las presentaciones en vivo hasta 1990.

viernes, 27 de mayo de 2011

Una mujer monocromática…


Proponerse efectuar con tanta firmeza la tarea de llevar al límite la expresión de la desesperanza, de la soledad, de la melancolía, es algo que no cualquiera puede concretar… Existen, evidentemente, formas misteriosas de comunicarse con nuestro inconsciente.

Hay quien destaca por su independencia creativa, un fiero individualismo y una consistencia estilística que sigue influyendo -y motivando- a nuevas generaciones de cantantes y compositoras.

En efecto, la exploración por la sordidez musical debe no poco a esta mujer. Si se prefiere: existen apreciaciones indeleblemente marcadas por la citada sordidez musical de ella.

Empero, resulta molesto en extremo que cuando la femme fatale “desaparece” no se situé a Nico en el lugar que realmente le corresponde. Que no se le hace justicia ni siquiera reconociéndole su influencia en cantantes de la talla de Kate Bush, Sinnead O´Connor, Bauhaus, Dead Can Dance, entre un largo etcétera.




¿Qué era narcisista? Cierto. ¡También era autodestructiva! Cierto. Empero, la valoración de alguien como ella no debiera quedar ahí. Nunca antes sin conocer realmente la importancia de la obra de una de las mujeres más influyentes en el ámbito musical del siglo XX.

La obra de Nico no tiene porque sentirse, en apariencia al menos, agotada en su sola iconografía. Debería de asumirse, tal cual, a su sola música como elemento más que suficiente para ratificarle un lugar en la historia del rock. De las féminas en particular…