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lunes, 4 de marzo de 2019

Grandes dosis de melancolía...

Para un equipo con integrantes de dos de las agrupaciones guitarrísticas más ensoñadoras del mundo, el nombre Hope Sandoval & The Warm Inventions sólo deja un poco de espacio para el misterio.

El dúo está compuesto por la vocalista de Mazzy Star y Colm Ó Cíos, de My Bloody Valentine, este último con un nombre que transmite bien las chispas suaves de su música, aunque la voz de Sandoval es el instrumento clave aquí.

Y, considerando sus infinitas cualidades cristalinas, ¿cómo podría ser de otra manera? Dejan que su voz suene, ensombreciéndola en los muchos tonos grises entre la calidez sutil - suspirando grandes dosis de melancolía.

sábado, 24 de marzo de 2012

El increíble y amorfo disco debut de Howling Bells...

Descubrir la creación de un sonido inteligente e independiente no siempre pasa a dejar una impresión similar a la inmensidad con la que nos puede cautivar, por ejemplo, el desierto.

Hubo un día en que los Howling Bells gestaron un álbum homónimo en el cual terminaron reflejando un asiduo trabajo de principio a fin. Por si fuese poco, concretaron una hibridación sui generis en lo concerniente a fuertes y emotivos sentimientos para quien terminara haciendo las veces de oyente en el resultado final de su producción debut.


Algo que podría significarse una especie de experiencia musical en versión (casi) cinematográfica. Una por demás exquisita y bella fusión de elementos guitarrísticos en un estilo declaradamente folk, acompañado de percusiones que no paran, una y otra vez, de hechizarnos. Esto, encima de todo, termina siendo aderezado con una voz por demás incandescentemente seductora: la de Juanita Stein

Mezclemos western rock con algo de dark country. Afiancémoslo con declaradas influencias en el sonido de parte de The Cure, My Bloody Valentine y, finalmente, Mazzy Star. El resultado de la ecuación para todos los factores anteriores es Howling Bells, banda formada en Sydney en el año de 2005.

Debutan en 2006, siendo publicados por el sello independiente Bella Union y producidos por Ken Nelson (quien tiene en su currículo haber trabajado con Echo & The Bunnymen, The Charlatans, Gomez, Coldplay, Badly Dawn Boy o Kings Of Convenience, entre otros). En su momento, la producción debut de este cuarteto australiano fue catalogada como una de las mejores producciones de 2006 - esto bajo los criterios editoriales de revistas especializadas en la materia como la NME.

La hasta aquí multicitada banda de indie rock australiana, pero establecida en Londres, se encuentra integrada por Juanita Stein (cantante / guitarrista), Joel Stein (guitarrista), Glenn Moule (baterista) y Brendan Picchio (bajista).


El cuarteto nos obligó a ponerle atención mediante la propuesta de un disco modernamente psicodélico, no exento de serios coqueteos de folk rock. Practicantes declarados de "confiar en el uso de la tecnología", sin soslayar la posibilidad de trabajar un "sonido singular", propio. Eso no significa hacer de lado las (evidentes y bien trabajadas) influencias de folk y rock, además de su respectivo aderezo con una muy buena dosis de melancolía y psicodelia sesentera.


Juanita Stein y su trío de compañeros de banda aparecieron en el escenario con increíble y amorfo disco. Hay que darse tiempo, entonces, para reconocerlo como el producto de una de las bandas debutantes de la década. Incluso, más aún, una de las más prometedoras…

lunes, 4 de julio de 2011

The High Violets: hipnótica solidez dramática...



The High Violets implica un sonido fuera de lo común, al mismo tiempo que nos ubica con sonidos escuchados con antelación. Hay en esta agrupación, empero, un toque peculiar en sus trabajos, se trata de ese plus que agregan los grupos con calidad. En el caso de esta banda de Portland hablamos de solidez dramática, misma que se acompaña de persistente y estruendoso toque.

Esta banda tiene su génesis en los restantes miembros de la banda The Bella Low, también de Portland. Quizá por ello el ambiente creativo y emotivo de sus integrantes se transmitiría, como hasta ahora, en forma hipnótica y por demás contagiosa.


Así, entonces, los miembros restantes de The Bella Low, Clint Sargent, Luke Strahota y Violet Bianca Grace se abocarían a recoger las piezas de un rompecabezas para reencauzar el rumbo, en un ya lejano 1998, y resurgir con el nombre de The High Violets. Empero, esta primera alineación sería perenne: Grace desertaría después de unas cuantas presentaciones con la neo formación.

Ante ello, Sargent se vería obligado a reclutar a una de las voces más sorprendentes de Portland: Kaitlyn ni Donovan. Con ello, el escenario estaba puesto para que sus influencias inmediatas: Lush, The Sundays y Cocteau Twins les ayudaran a salir del nuevo trance en el que se encontraban. Estaban, por tanto, en la búsqueda, en la definición de un nuevo y propio estilo…

El debut “ideal” de la banda se daría con la producción 44 Down (2002), en esta gran suma musical desplegarían sorprendentes sensibilidades, arreglos texturizados, vocales etéreas… y más, en pro de una elaboración de dream pop respetablemente combinado.

De golpe, The High Violets nos confrontaban con lo antiguo y lo novedoso, a sabiendas de que aquello que es antiguo implícitamente nunca permanece tal cual: la nostalgia por el pasado nunca, en lo absoluto, disminuye. Antes bien, se incrementa exponencialmente.

En su momento, a finales de los 80, la nostalgia nos llevaba a los 60. A principios de los 90, la música haría un revire a los 70. Así, no hace mucho ha tenido lugar esa “propensión nostálgica” hacía la década de los 90. Es en su debut de The High Violets, con 44 Down, que se permiten retomar no poca de esa década, en apariencia rebasada y, a un mismo tiempo, antigua a la vez…

El sonido de The High Violets, sin mayor complicación, puede asociarse con no pocos de sus predecesores: desde The Sundays, My Bloody Valentine y Jesus and Mary Chain´s. ¿La ventaja de la banda? No les interesa esconder sus influencias. Al contrario: las exponen lo más abiertamente posible. Sin mayor complicación, The High Violets, nos dicen cuál es el camino que están siguiendo. Es ahí donde encuentran su fortaleza: el nivel musical de la agrupación evita, con ello, cualquier discusión trivial.

En no pocos sentidos, la propuesta musical de la banda consigue “elevar” a sus integrantes mediante el uso de cada uno de sus instrumentos. Arrojan, con ello, su particular tono, color, matiz a su propuesta. La cual se adereza con un excelso muro de sonido. En esto se integra, obviamente, los momentos en que tanto Sargent como ni Donovan emplean a la perfección sus voces cual instrumentos perfectamente dominados.


Hay quienes señalan que en la imitación se da la más elevada forma de halago. A pesar de ello, The High Violets terminan concretando música propia. Cierto, el sonido de 44 Down no resulta ser necesariamente nuevo, pero es hecho apasionadamente por un grupo con más que obvia capacidad musical y, visto está, aquí lo que cuenta es la capacidad, precisamente, musical.

En 44 Down nos encontramos con un nivel de producción y calidad musical de forma tal que nos coloca, en el inter de cada pieza, en una especie de antesala cual “llama de medio tiempo”. Vital resulta ser, por ende, la sección rítmica. En el momento en el que parece ser que las canciones entrarán en una especie de prolongación, son las percusiones y ritmos las que evitan complicaciones innecesarias…

En esta obra se sobreentiende que es el sonido y la forma lo que importan, la que habrá de dar a la música ese sentimiento etéreo tan buscado, tan esperado, tan deseado… Es el sonido en conjunto el importante; no así el sonido o instrumentación individual.

Esta producción representa un doble tributo. Tanto a los grupos originales como para aquellos que portan actualmente la antorcha. Dada la cantidad de nostalgia que priva en estos días, quizá esta agrupación termine siendo la inspiración que algunos necesiten para llegar hasta la cima… A fin de cuentas, se les debe reconocer el mérito de traer de regreso un tipo de música que tuvo todo, excepto “desaparecer”. Y lo hacen bien…