(...)
Pero en cambio,
decidí darle vueltas al reloj.
Hice que fueran las dos, las tres, las cuatro
del día anterior hasta llegar a donde no me sé ya tu nombre, ni reconozco la
banca sombreada, ni mis manos tienen los surcos de tus dedos.
Di la vuelta al reloj y lo dejé en los
tiempos aquellos
segura ya de que este día llegará y que nos
reconoceremos cuando nos veamos.
Tú dirás veámonos a las dos
y yo, ahora lo sé
llegaré irremediablemente a las tres.
- Vanessa Cabuto Enríquez


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