Ante mi desnudez
he podido advertir
que eres
el alma
que sabe mirarme.
Te pido un respiro
a mi incerteza de vivir.
Que la
lanza que atravesó
tu costado sea áureo alfanje.
Que tus ojos me guíen,
tus
labios me hablen,
y que tus pasos dicten la cadencia del desierto a mi
corazón.
- Jeannette L. Clariond

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