La portada del álbum
nos mostraba a los Burritos como vaqueros de contracultura, una pandilla
psicodélica de forajidos del desierto con trajes nudie estampados con hojas de cannabis, pavos reales y cruces en
llamas. No fue lo único que confundió a la potencial audiencia de la banda.
La música también lo hizo. A
pesar de una crítica brillante en Rolling
Stone y el resonante respaldo de Bob Dylan, The Gilded Palace of Sin fue un fracaso comercial.
"No era lo
suficientemente hábil como para estar en la radio country, pero la multitud de
rock tampoco estaba lista para eso", añade Hillman. "Era demasiado
arenoso y crudo para la mayoría de la gente".
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