Akira Kurosawa puede adaptar a Dostoievski ante
todo porque puede decir: “Tengo algo en común con él, tenemos un problema en común,
ese problema”. Los personajes de Kurosawa se encuentran exactamente en la misma
situación, están atrapados en situaciones imposibles pero, ojo, siempre hay un
problema más urgente. Y necesitan saber cuál es ese problema. Vivir es, seguramente, una de las películas de Kurosawa que va más lejos en ese sentido,
aunque todas sus películas se mueven en esa dirección. En Los Siete Samuráis
los personajes están atrapados en situaciones de urgencia. Han aceptado
defender el pueblo, y desde el principio hasta el final les corroe una cuestión
más profunda, que se pronuncia solo al final, en boca del jefe de los samuráis,
cuando se marchan:
“¿Qué es un samurái? ¿Qué es un samurái, no en general, sino
en esta época? Alguien que no sirve para nada. Los señores no los necesitan, y
los campesinos pronto sabrán defenderse solos. Y durante toda la película, a
pesar de la urgencia de la situación, los samuráis están obsesionados por esta
pregunta digna de El Idiota: ¿Quiénes somos, nosotros, los samuráis?
- Gilles Deleuze